Cruz mallorquina es una joya exclusiva con historia, elaborada en oro amarillo de 18 quilates, ideal para transmitir de generación en generación. Su acabado cuidado resalta cada detalle de la imagen tallada.
Cada detalle ha sido pensado para que la medalla se sostenga por sí sola como objeto de valor, más allá de la ocasión en la que se regale.
Combina tradición y cariño en igual medida, un regalo tan válido para fechas religiosas como para celebraciones puramente familiares.
Una medalla pensada para quedarse, tanto por su significado como por su calidad.